Serendipias

Si estás cansada no te canses

A menudo veo a personas neurodivergentes (autistas y/o TDAH especialmente) contar sus experiencias a través de las redes sociales.

Por un lado, me dan una envidia tremenda porque enfrentarse a la cámara a un público desconocido no me resulta fácil. Primero porque debes saber comunicar (edits aparte) y luego porque la exposición conlleva al hate (en mayor o menor medida, lo sé, en los blogs también pasa, ya que no deja internet lleno de usuarios y bots).

Por otro, las pantallas en general y las redes sociales en particular, es una cosa que a larga que me resulta agotador. Además, requieren de una atención constante que no tengo. Esto no deja de sonar paradójico, puesto a lo largo de los años he aprendido la parte ofimática, la del diseño (ya bastante oxidada) y algo básico de programación frontend (me cansan las pantallas, pero esto no me ha impedido ampliar mis conocimientos sobre los usos que ofrecen en las áreas que me resultan interesantes y/o prácticas),

Claro, que internet no fue siempre fue así. No es que fuera exactamente un páramo (quizá al inicio del todo sí), pero no había la sobre estimulación audiovisual que existe en la actualidad.

Por fortuna para mí siempre se me ha dado mejor expresarme escribiendo. Así que aquí estamos, otra vez.

Otras cosas que me cansan

Una de las cosas que más me agotan es socializar.

Me he dado de que me autoaislo en un rincón cuando estoy en lugar donde hay gente. Esta gente tiene la manía de interactuar entre ella, a mi también me gusta hacerlo a veces, pero tengo un problema y es que escuchar hablar a varias personas a la vez me satura. A lo que hay que añadir las luces artificiales del lugar y la falta de espacio personal.

En el mejor de los casos solo me deja muda (ya hay demasiado ruido en mi entorno) y en el peor me bloqueo. No soy capaz de procesar lo que sucede en mi alrededor, interpretar lenguaje no verbal (esto es debido al perfil sensorial del autismo).

Pero hay más, si además de esto hay otros estímulos: ruidos exteriores, personas moviéndose de un lado a otro, interrupciones,...el cansancio se duplica y hacer cualquier tarea se hace aún más cuesta arriba con un procesamiento mental lento (esto es cosa del TDAH).

Luego está el masking (esto también consume energía). Fingir que estás enterando de lo que dicen, mostrar interés e integrarte en un grupo de personas desconocidas es agotador.

Entre unas cosas y otras al final del día acabo hecha una piltrafa sin energías para pensar ni hacer cualquier otra cosa ( e incluso en la cama con la luz apagada en las situaciones más extremas para mí. Esto es un colapso o shutdown y se siente igual que una depresión).

Por suerte, he descubierto que existen los earloops y otras soluciones similares para poder cuidarme, ya que no puedo bajarle el volumen de voz a la gente, ni tampoco el ruido ambiental.

La vergüenza y la culpa

Esto es posible que me haya pasado desde siempre, aunque en la adolescencia fue quizá donde se agudizó y lo noté más. Pero claro, cómo dices que estás cansada por no haber hecho nada para estar así y sobre todo, ¿a quién acudes? en los 80/90 no había a quién hacerlo. porque solo era una niña/adolescente tímida.

Había especialistas de salud mental, igual que ahora, puede que menos. Sin embargo, había cosas de las que no se hablaban y si a eso le añadimos lo que me costaba ponerle palabras a lo que me pasaba pues se complica más.

Eso y la vergüenza y la culpa de decir: estoy cansada (sin motivo aparente). La respuesta a esto suena en mi mente algo así:: pues no estés cansada.