La Halloweenavidad
Estamos en la recta final de septiembre, se supone que a estas alturas del año ya deberíamos de haber cambiado la ropa de la cama, los pijamas calentitos y haber sacado las sudaderas del armario, pero no es así en algunos puntos de la península.
Esto no impide que las tiendas hayan adelantado la temporada de decoración navideña entre su oferta coincidiendo en espacio-tiempo con el Halloween. creando un fenómeno extraño de fusión al que llamaré: Halloweenavidad,
En el mismo comercio puedes encontrar con apenas una estantería de diferencia unas calabazas y un reno. Lo cual algo de ansiedad crea, quieras o no. Si a esto le sumas que el ayuntamiento de tu ciudad ha decidido que ya es hora de colocar las luces de Navidad en el centro (y las calles comerciales que toquen) te quedas con cara de pikachu sorprendido y preguntándote como hemos llegado hasta aquí.
La festividad de Halloween quizá pase sin pena ni gloria, creo tras su irrupción en nuestro calendario festivo (aunque sea laboral) se ha quedado en una fiesta de disfraces otoñal enfocada al público infantil (y adolescente). No ha cuajado y por supuesto, se ha diluido el simbolismo original cuyas raíces se encuentran en la festividad celta de Shamain.
Pero la Navidad no se la salta nadie (te guste más o menos). Aunque no lo parezca a mi me gusta la Navidad y visitar cada año los belenes tradicionales (es una curiosidad artística), los turrones, mazapanes y otras delicias navideñas.
Sin embargo, esta prisa ya me causa ansiedad.
Más pronto que tarde empezará la campaña del Black Friday (el eterno Black Friday más bien, ya que dura un mes entero de supuestas ofertas) y los precios de los alimentos típicos de las comidas de Navidad estarán por las nubes (aunque sean congelados).
Este solapamiento de festividades estacionales sucede mientras vivimos una crisis climática de tres pares de narices.